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'Trumbo: La lista negra de Hollywood' - Dalton cogió su máquina de escribir

30 de Abril de 2016 00:10:03 | 752 Lecturas | Via: ElSeptimoarte.com

Entonces, quedamos en que la Guerra Fria, mas o menos, fue asi. Eran, basicamente, dos bandos enfrentados: los Estados Unidos y la Union Sovietica; el capitalismo contra el comunismo; el libre (es un decir) mercado contra la economia planificada; la democracia contra... bueno, contra aquello otro. Lo que fuera. El caso es que el conflicto estuvo marcado por la tension; por esa insoportable y continua angustia ante la posibilidad, mas que palpable, de que el planeta al completo fuera a estallar, literalmente, en un abrir y cerrar de ojos. Todo lo demas, fue consecuencia mas o menos directa de estas circunstancias. Cuba, Corea, Vietnam, Afganistan, Checoslovaquia, Egipto, Camboya, Alemania... El mapa-mundi se quedaba sin rincones por marcar a cada dia que pasaba, y el miedo, mientras, iba confirmandose como la unica manera de entender el mundo. Llegados a este punto, y sin final a la vista en el proceso de encadenado de cimas (a cada cual mas alta) en la escalada, era el momento de demostrar que cobarde no era quien sintiera panico, sino quien se dejara dominar por el.

Asi de gordos eran los nubarrones atomicos. Tanto que hasta llegaron a tapar las siempre resplandecientes colinas de Hollywood. Ni rastro del sol de California, ni alli estabamos a salvo. Es mas, especialmente en la llamada meca del cine, las alarmas por bomba sonaban mas fuerte que en ningun otro sitio. De la imagen, principalmente, vivia el negocio, de modo que tocaba evitar sospechas, y mas que ser ''
El guerrero americano 2'', uno tenia que esforzarse en aparentarlo. La diferencia entre una cosa y la otra era tan sutil como compleja y, a la postre, crucial para librarse del fuego, que no era otro que el de la hoguera inquisitorial. La caza de brujas habia vuelto, y con ella, las listas negras, y con ellas, los vetos, y con ellos, la desesperacion. Tanto por parte de los señalados como, mas adelante, del arte al que daban forma... Y a todo esto, perdon por la poesia barata, por la version (mal-) resumida del asunto y por la falta de profundidad en el analisis, pero es que manda el formato del texto, el hambre de quien escribe, su agotamiento psico-fisico y todas las demas excusas de quiero-no-puedo que puedan venir a la cabeza.

Total, son las dos de la madrugada, me estoy helando porque la ventana del comedor ha decidido no cerrarse, la conexion inalambrica del albergue es tan asquerosa como el cafe de la maquina de la recepcion, y las probabilidades de cobrar algo (lo que sea) por estas palabras es tan remota como el triunfo de los principios basicos de la etica (laboral, al menos esto) en esto del periodismo cinematografico. En fin, que ¿a quien le importa? Exacto. Esto mismo... El problema, es que nos debemos a una(s) persona(s) que sin duda merece(n) mucho mas. Pero asi estan las cosas, ni peor ni mejor que antes, sino exactamente igual de mal, y claro esta, con unas formas bastante diferentes. De apariencias va el asunto, no hay dudas al respecto. Con esto, y con poco mas, se entiende hasta donde llega (o mejor dicho, donde se queda) 'Trumbo: la lista negra de hollywood', biopic dedicado al mitico guionista de cuyo nombre, por alguna razon u otra razon (¿incultura cinefila?), no nos queremos acordar. Por suerte, ahi estan las coletillas a la española para aclarar un poco las ideas. ''La lista negra de Hollywood'' facilita las presentaciones con conceptos mucho mas familiares, y de paso, nos da pistas sobre la -poca- sutileza del producto.

Empaquetado con el oficio tipico de la (Y en nochebuena... ¡se armó el belén!) TV movie, el nuevo trabajo de Jay Roach se apoya en el retrato personal (a veces, incluso intimo) para trascender hasta la radiografia de epoca. Es, para entendernos, una leccion de historia que no pierde nunca de vista el factor humano. Los resultados no son para nada magistrales, pero si amenos; a ratos mucho, tanto que la (son)risa logra reivindicarse como el mas reconfortante y licito de los contraataques. Como quien usaba la escritura para demostrar aquello de que la pluma es mas fuerte que la espada. En estas intenciones es donde el alegato (si es que asi podemos llamarlo) gana enteros... para mas tarde perderlos (al menos, gran parte de ellos) a causa de una ejecucion a medio camino entre la complacencia y la indulgencia, mostrandose ambos defectos en todo su reflexivo esplendor. Y que el Altisimo nos pille confesados: Mediocres del mundo, absolvamonos los unos a los otros, pues a la hora de la verdad, pocos reproches podemos ponerle a la ''dramedie'' de manual. En esta ocasion, la combinacion entre la injusticia y la posterior replica ingeniosa (formulada, esta ultima, con la valentia que otorga el casi impenetrable escudo del paso del tiempo) sorprende tan poco como la satisfaccion con la que se acaba saldando la experiencia.

Jay Roach, a pesar de la imagen que pueda llegar a transmitir, es un director que acostumbra a saber muy bien de lo que habla (vease la infravalorada 'En campaña todo vale'). Su homenaje a Dalton Trumbo no carece de esta base fundamental, pero por el contrario, le falta esa capacidad de incision que llegaba a distinguir sus anteriores trabajos. Si bien sabe identificar (y aprovechar) los momentos mas contundentes / ilustrativos de la historia que tiene en mente, falla a la hora de ligarlos para darles asi autentica consistencia narrativa. Nos instalamos, asi pues, en un agradable ejercicio de minimos que entretiene (y hasta instruye) con la misma facilidad con la que cae en la paradoja de la correccion. ¿Puede ser esta algo ofensivo? Desde luego, porque en determinadas ocasiones, con cumplir, no vale. O no deberia. Pero claro, nos topamos, de nuevo, con unas expectativas acordes a nuestras propias capacidades. Toca bajar el liston y conformarse con lo que hay. Asi esta la cosa, y asi nos va. Por suerte, y ojo, que no es poco, ahi queda el cine (y su intra-historia como fiel y condenado reflejo de ese guion que nos marco) como consuelo no tan menor. El reflejo, muy apagado, deja en evidencia la brillantez del original. Ya es algo. Puede que ni Bryan Cranston (algo demasiado afectado por una serie de tics mal empleados), ni Helen Mirren sean ni Kirk Douglas, ni John Wayne; puede que Jay Roach no llegue ni a la suela de Otto Perminger; puede que Dalton Trumbo se enfurruñara ante el trabajo de su homologo John McNamara... Y ahora mismo, podriamos no estar pasandonoslo bien a su costa. De algun modo (bastante rancio, que quede claro), se ha hecho justicia.

Nota: 6 / 10

por Victor Esquirol Molinas
@VctorEsquirol



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