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Apertura (de aperturas)

14 de Mayo de 2020 18:10:07 | 692 Lecturas | Via: ElSeptimoarte.com
Alfombra roja tendida, carpas levantadas, focos encendidos, equipos de sonido poniendo a prueba los sismografos de la otra punta del mundo. Los miembros de seguridad exhibiendo, un año mas, su legendaria cordialidad marsellesa. Los periodicos haciendose eco, hara ya unos dias, del casi tradicional atraco a una joyeria cualquiera de la Croisette. Thierry Fremaux, un poco antes, prohibiendo terminantemente las selfies durante el trascurso de las galas. Es mas o menos la cancion de siempre. Tan vanidosa, intrascendente y, a la vez, maravillosa, como siempre. Varia algun verso, quizas, para mantener, seguro, el esqueleto de una estructura que no cambia. Y como casi con cualquier otra gran celebracion, el disparo de salida es en realidad la culminacion de unos preparativos que se han llevado a cabo de forma minuciosa. Prestando atencion a todos los detalles, para que nada pueda fallar. Para que todo reluzca. Como el oro, exacto, que tan facilmente se liga a la marca Cannes. Estamos, por supuesto, en el certamen de certamenes; en LE Festival. En la primera jornada de su 68ª edicion, que se dice pronto, y suena de fondo, como era de esperar, la cancion de siempre.

Primeros compases dedicados a ese -puñetero- enigma que, 68 años despues, sigue sin resolverse del todo. Hablamos, obviamente, de la Apertura (con mayuscula, si), esa institucion (por asi llamarla) extraña, cuya naturaleza, como se ha dicho, esta todavia por determinar. Grosso modo, ¿es un honor o una responsabilidad? En la misma linea: ¿es una bendicion o una maldicion? Por empirismo, no puede hallarse solucion alguna: los antecedentes no hacen mas que levantar interrogantes. Si ampliamos la mirada hacia otros festivales, las incognitas se multiplican. Digamos que cada casa tiene sus propias normas (menudo descubrimiento); digamos que en cada casa, las normas se aplican por voluntad de unos caprichos, circunstancias y exigencias (de calendario) que cambian constantemente (idem). Resultado, lo mismo puede uno encontrarse, a las primeras de cambio, con la version mas inspirada de Woody Allen o Wes Anderson (por citar dos casos recientes) que con un sucedaneo de folletin en el que Nicole Kidman y Tim Roth nos descubrian, casi sin quererlo, lo vacuo (y casposo) del glamour monarquico. Sea como fuere, pasa el tiempo y Cannes sigue (auto)reivindicandose como la etapa reina de la temporada festivalera. Se espera de ella, pues, una grandeza digna de dicho titulo...

… solo que esta ''grandeza'' es un concepto muy subjetivo. ¿Como, si no, puede entenderse el que la designada para inaugurar esta 68ª edicion de EL Festival haya sido una directora tan intrascendente (''Adiós pequeña, adiós'', si se prefiere) como Emmanuelle Bercot? Veamos: ¿Porque habra arrastrado con ella a grandes estrellas (como ya hiciera otro personaje tan gris como Olivier Dahan)? ¿Porque la organizacion podra aprovechar la ocasion para sacar pecho, por aquello de entrar en otro futil debate sobre la paridad entre sexos en el seno de la industria (sin darse cuenta, todo sea dicho, de que en realidad se esta haciendo el seppuku)? ¿Porque no habia nada mejor que poner? ¿Porque toca cumplir con los proveedores habituales? ¿Porque la pelicula de la que hablamos es, al fin y al cabo, tan buena como cabria exigir? De todo un poco... menos de lo ultimo. 'La cabeza alta' le lleva la contraria a su propio titulo, y de paso hace que, de momento, nadie pueda salir de la experiencia con la cabeza en alto. El naufragio se intuye desde la mismisima escena de apertura. En ella mandan, por encima de cualquier intento de dialogo, los berridos de una madre, sus bebes y una juez enfrascados en en una cruzada que muy pronto se descubre como la quimera que es: la reconstruccion de una familia completamente devastada.

Al padre, ni lo busquen... a las nociones basicas del montaje cinematografico, tampoco. Bercot empieza su nueva aventura en un despacho, es decir, en un escenario cerrado, claramente delimitado y, faltaria mas, pequeño. Este esta poblado por tantos personajes como los que se pueden contar con los dedos de una sola mano, y sin embargo, parece que tanto el espacio como el tiempo se desdoblen. De repente, y sin previo aviso, ha empezado una competicion sangrienta: ¿Quien esta mas perdido? ¿La cineasta o el espectador? Imposible mojarse por alguna de estas opciones. Por suerte para todos, llega un fundido a negro salvador. La camara cierra el objetivo, se hace lo mismo con los micros... y han pasado muchos años. Tantos que el mocoso que miraba cuanto le rodeaba con miedo y curiosidad, se ha convertido en un tirano que controla todo cuanto alcanza su vista. Es ahora un aprendiz (?) de delincuente, al volante de un coche convertido en obvia metafora de la autodestruccion en la que va montado. Suena musica trallera de fondo y el ojo de Bercot ahora si que parece que sabe donde ponerse. El momento es de una fuerza incuestionable... pero el maldito vehiculo sigue dando tumbos, aqui y alla... y sigue sin quedar claro hacia donde vamos.

Lo que apuntaba a drama social se decanta, a cada escena que pasa, mas y mas por un coming of age que plasma bien la confusion (y consiguiente violencia) de la adolescencia desamparada (esa que hemos vivido todos, en mayor o menor medida). La lastima es que nada de esto llega a ser transmitido al espectador. El ''enfant sauvage'' de Emmanuelle Bercot, una especie Cyril Catoul (''El niño de la bicicleta'' de los Dardenne, si) al que se le ha concedido la oportunidad de crecer, es, tal como apuntan sus bases, una creacion hecha a base de piezas ya existentes. El resultado es demasiado deudor-de (y subyugado-a) sus referentes. La mirada que 'Tete en haut' dedica a todos los sucesos que describe es muy deudora de aquella cercania y realismo impuestos en, por ejemplo, 'La clase' de Laurent Cantet, pero la herencia llega desgastada. Es mas una pose estetica, y no un recurso para dar consistencia tanto a una narracion demasiado lastrada por la aleatoriedad eliptica, como a unos personajes desdibujados, mas alla del centro de gravedad impuesto por la -poderosa- brutalidad del rostro de un Rod Paradot que se descubre como la unica revelacion de un conjunto con demasiado miedo a aventurarse mas alla de las fronteras de los lugares comunes.

Se confunde la ira con la pataleta y se alarga en demasia un trayecto con un rumbo desesperantemente erratico. Al final del camino, lo que llevaba oliendose durante la proyeccion: la mas absoluta de las indiferencias (y suerte del entendimiento que hay entre las partes implicadas, tanto delante como detras de las camaras, confirmandose que Bercot sabe al menos maquillar sus carencias a base de sacar jugo a su elenco), antesala de esa duda tan incomoda con la que entramos a la sesion, y que desgraciadamente esta no nos ha quitado. En la Debussy ya desfilan los titulos de creditos de finales; en el patio de butacas, tanto en el primer como el segundo piso, un silencio que invita a la reflexion. Entonces, ¿la Apertura es un honor o una responsabilidad? ¿Es una bendicion o una maldicion? Es, para entendernos, una Señora Papeleta. Algunos años mas que otros. En este, quizas, los programadores no han sabido / queridos ver nada mejor. En este, al menos, nos libramos del desastre que todos los indicativos aprioristicos apuntaban. Con estos animos nos quedamos...

... y esa rabia reprimida nos tenemos que comer al sufrir, por duplicado, la primera jugarreta de la organizacion. Sin razon aparente (mucho menos justificada), los dos pases de prensa de la primera pelicula a Competicion ('Nuestra hermana pequeña', dirigida por ''un tal'' Hirokazu Koreeda), se han proyectado en la -minuscula- Sala Bazin. El resto de la historia (es decir, del desastre) corre mayormente a cargo de la aritmetica. Miles de periodistas acreditados intentando asegurarse una de las doscientas butacas ganadoras (trescientas, a mucho estirar). ¿La ley de la jungla? Para nada, esto es Cannes. Ante todo, hay que mantener las formas. Las matematicas ceden protagonismo al implacable sistema de castas impuesto a los acreditados. Los periodistas / medios importantes, pasan primero. El resto, esperamos. En total, unas cuatro horas. Para nada. Los de seguridad ya ni ocultan su alegria. ''Desole'', dicen, pero en realidad... no. ¿Y a quien se va a quejar usted? A nadie, correcto. ¿Le parece fatal, no? Ya, pero en serio, ¿que va a hacer? ¿Quedarse en casa el año que viene en señal de protesta? ... Ya lo pensaba. Gajes de los grandes festivales: ¿incentivos para tratar dignamente a los mas pequeños? Mas bien pocos.

Y asi, con el orgullo herido, hemos entrado (por los pelos) a ver la segunda (para los mortales, primera) candidata a la Palma de Oro. Y peor hemos salido. Quizas para compensar el arranque dubitativo, Cannes ha tardado poco en descubrir algunas de sus cartas teoricamente mas potentes. Si antes se nos ha escapado Koreeda, ahora si que hemos podido hincarle el diente a Matteo Garrone. Empieza el triplete italiano de esta 68ª edicion (que completaran mas adelante Nanni Moretti y Paolo Sorrentino) con 'The Tale of Tales', libre adaptacion de ''El pentameron'' de Giambattista Basile, y mas que probable plataforma desde la cual el director romano podria tomar el impulso suficiente para convertirse en el rey que tanto tiempo lleva insinuando... si no fuera porque en lo que se queda, finalmente, es en poco mas que un plebeyo. Como el beso a la rana, pero a la inversa. La pelicula se antoja como una maravillosa fantasia, envilecida en su transicion hacia septimo arte. Sera tal vez por las barreras linguisticas (Garrone es en este Concurso, el primero de otros muchos directores que se estrena en eso de trabajar con actores angloparlantes) o por el hecho de verse alejado de sus registros habituales, pero salta a la vista que quien esta moviendo los hilos, se hace un lio con ellos.

Empeñado en estirar (hasta casi fracturar) cada situacion propuesta, el cineasta italiano se muestra incapaz de ensamblar correctamente los capitulos de un cuento (de cuentos) que acusa demasiado la mala basculacion entre sus frentes, sintoma evidente de un ritmo narrativo ciertamente mal gestionado. Como casi siempre en su filmografia, Garrone se gusta y no tiene reparo alguno en admitirlo. El problema es que aqui la egolatria ensombrece definitivamente las intenciones, hasta que la moraleja se queda en una promesa incumplida. Con su inconfundible toque personal, tres cuartos de lo mismo. 'The Tale of Tales' emula, sobre todo gracias a su incuestionable poderio visual, a algunos de los grandes maestros de la fantasia filmica de todos los tiempos. Hay un poco de Melies, alguna pincelada de Fellini, otra pizca de Tarsem, algun guiño a Peter Jackson, mucho de ese -desastroso- Terry Gilliam de 'El secreto de los hermanos grimm'... ¿Y Garrone? Bien, creemos. Se establece asi un interesante (aunque algo impersonal) dialogo entre las vias para acercarse al genero, asi como entre las formas (tanto las que perecen como las que sobreviven al paso del tiempo) en el/los arte(s) de contar cuentos. Combinacion que denota una acertada defensa del clasicismo fabulesco, desde una consciencia perversa y moderadamente moderna. Desgraciadamente, es mucho peor de lo que suena. No es que haya exceso de brujas, reyes y ogros, es que simplemente no se sabe que diablos hacer con ellos. Mas alla de algun que otro momento de inspiracion, el relato (de relatos) no llega a despegar jamas... y asi, ahora si que si, nos quedamos. A la espera de que el Festival (de festivales) haga lo propio en su segunda jornada, que por norma general, no lo olvidemos, es la verdadera apertura de todo certamen que se precie.

Mañana, mas.

por Victor Esquirol Molinas
@VctorEsquirol

P.D.: Mientras, en el Marche du Film...

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